4/9/11

Maru Rizo, la musa activa


Es posible que en un lapso de tiempo no muy grande, algún trend-setter de nuestra bella Easo descubra a Amable Arias y lo convierta en motivo de camisetas, carteles o diseños, tal y como ocurrió con Oteiza, Chillida o Ivan Zulueta. Pero mientras eso no ocurra, Amable seguirá siendo un artista casi desconocido para las maduras juventudes nacidas a partir del 70.

¿Y cómo podría conectar Amable con esas maduras juventudes? Pues creo que de la misma manera en que lo ha hecho conmigo: a través de una obra nada pretenciosa, honesta, bella, que no teme al sexo ni a las mujeres. Sobre su vida, recogida con más detalle en su web monográfica, destacaría su nacimiento en un pequeño pueblo de León y posterior traslado a Donostia, lo que lo convierte en el único integrante del grupo Gaur nacido fuera del País Vasco; el maltrato del padre durante la infancia; el accidente que condicionó su físico y manera de relacionarse con el mundo; su lucha autodidacta por superar la deficiente educación recibida, y, sobre todo, su encuentro con Maru Rizo en 1970.

Es gracias a ella que Amable ha vencido al tiempo (murió en 1984) y su obra puede seguir siendo disfrutada en la actualidad. Es ella la creadora de la figura actual del Amable-artista; la mujer que lo amó, lo cuidó y ladeó la cabeza para que él la pintara. La musa relajada, la compañera ejemplar. En la actualidad, Maru regenta un estudio en el barrio donostiarra de Egia donde muestra la obra del artista a las personas interesadas.

Me he pasado dos tardes enteras viendo obra, y estoy arrebatada con los desnudos, la mayoría de Maru, con la serie "los abrazos", que retratan a un Amable a la moda de los 70, con cabello largo y gafas redondas a lo Lennon, abrazado a su musa y amante, y la serie de collages "la jirafa cuadrada", llena de referencias pop, que mezclan distintos elementos cotidianos como sobres de cartas recibidas, paquetes de tabaco o dibujos realizados en servilletas de la desaparecida cafetería Dover.


Quiero entrevistarla y centrar la entrevista en ella, pero sus respuestas enseguida derivan en Amable, se nota lo acostumbrada que está a hablar de él. Es reservada en lo que se refiere a su vida íntima, y la mayoría de las cosas me las cuenta off the record.

P.- Amable murió en el 84, y, aparte de la expo en San Telmo en el 85, durante muchos años no hubo actividad con su obra. ¿Pasaste años duros, encajando la pérdida?

R.- No, lo que ocurre es que Amable fue muy poco valorado en vida, y de ahí el impasse. La retrospectiva en San Telmo del 85 la organicé yo, yo elegí las obras que se mostraron, pero faltaba una figura que comisariara, que interpretara la obra. Aun así aquella exposición gustó mucho, y la visitó muchísima gente. Lo preparé todo, porque sabía que, tarde o temprano, la gente vendría a preguntar por Amable. Y así fue. En el 93, apareció Gonzalo Sánchez, de Galería Dieciséis, que había visto la exposición del 85 y estaba impresionado. Le enseñé toda la obra y desde entonces y hasta su muerte en 2007 fue el galerista de Amable, y también fotógrafo y gran amigo. Se arriesgó llevando a Amable a Arco como artista único de su galería, y así lo dio a conocer en Madrid. Hoy en día cada vez hay más gente interesada en Amable. Las personas que tienen obra de Amable no son los típicos coleccionistas de arte. Es curioso, pero llega a gente digamos colateral, especial, y eso me gusta. Yo no voy a la gente, sino que espero a que ellos o ellas vengan a buscarme.

P.- Ahora te dedicas a fondo a difundir la obra de Amable. ¿Cómo es ese trabajo? ¿Qué satisfacciones te aporta?

R.- Uy, ¡qué pregunta! Yo sé que tengo entre manos una obra excelente, ésa es la satisfacción. Al principio, él no confiaba en su obra, pero adquirió la confianza que le faltaba viendo una exposición de Kandinsky en París. Durante su vida le fastidió la ausencia de reconocimiento.

P.- ¿Qué parte de su obra es la que más te emociona?

R.- No lo puedo decir. Me arrobo con cualquiera de ellas. Siempre encuentro cosas nuevas. Hoy mismo, he estado contemplando una obra en la que no había reparado antes. A partir de los 70, coincidiendo con nuestro encuentro, se volvió más colorista, más juguetón. A los museos les interesan más los óleos.

P.- ¿Cómo os conocisteis?

R.- Primero conoció a mi hermana Pili y salieron unos días. Después salió con mi hermana Mari Carmen, pero ella le dejó. Le dijeron que había una tercera hermana. Me dijo: "quiero verte en un sitio donde no haya mucha gente". Quedamos en el bar del Hotel Londres. Yo llevaba una minifalda y un maxiabrigo (así se llamaban entonces) gris, y unas botas rojas. Es curioso, porque evocando esa escena años después, él decía que yo iba de verde.


Maru y Amable en un fotomatón, 1978. Fuente: http://www.amablearias.com/

P.- Seguro que estabas guapísima...

R.- Yo era muy atrevida, iba como me daba la gana. Llamábamos la atención, la gente nos decía que al vernos se sentía como si estuviese en París o en Nueva York. Yo no me quería comprometer. Quedábamos de vez en cuando: primero un día por semana; luego dos, luego tres, luego cuatro...

P.- ¿Qué es lo que te enamoró de él?

R.- Que era muy diferente a los demás, que era una persona muy poco convencional.

P.- En qué sentido crees que le influyó a él el conocerte a ti?

R.- Creo que le influyó mucho. Él decía que a quien más tenía que agradecer era a la mujer, y luego corregía, a las mujeres. Yo le llevé mi manera de ser: alegre, juguetona.

P.- Viendo las obras da la sensación de que erais una pareja muy unida, con una intimidad relajada (en una acuarela, ella se quita pelos de los pezones con una pinza). ¿Crees que en algún sentido erais transgresores, que con vuestra forma de vida reivindicabais una sexualidad más libre?

R.- Claro, éramos revolucionarios, luchábamos por cambiar la sociedad. Y con la sexualidad también, claro. Viviamos juntos, yo nunca me quise casar. Tampoco quise tener hijos, aunque a él le hubiera gustado, pero considero que los hijos atan mucho a las mujeres.

P.- ¿Tenías celos de las otras modelos?

R.- Desde que me empezó a dibujar a mí, casi no dibujó a nadie más. Los celos hay que tragárselos, son un sentimiento muy negativo. No, no era celosa.

P.- El otro día me dijiste que Amable era feminista. ¿Cómo veía a las mujeres?

R.- Es que él lo decía, que era feminista. Pensaba que las mujeres son lo mejor de la humanidad. Sentía pasión por el físico, pero también por cómo pensaban. Creía que las mujeres, por encontrarse con más dificultades, eran más inteligentes. Me decía: "Lee a Simone de Beauvoir".


Maru me lleva a la biblioteca de Amable, una estantería llena de libros subrayados, anotados y dibujados por él. Saca "La vejez", de Simone de Beauvoir, y encuentra la página en la que él anotó: "muy bonito, señorita Beauvoir!"

P.- ¿Qué tienes pendiente con la obra de Amable? ¿Cómo te gustaría que fuera recordado?

R.- Me gustaría, sobre todo, que fuera conocido, porque aún no lo es lo suficiente. Y que se le recuerde como un pintor honesto que no se dejó vencer por las dificultades.

5 comentarios:

  1. Vaya, no se si es buen comienzo que tu troll personal haga el primer comentario del nuevo blog :-(, pero en cualquier caso...

    excelente tema y muy buena entrevista. enhorabuena!

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  2. usted no es un troll, sino un viejo amigo que tiene su propio criterio ;-)

    un placer recibirle, y gracias, me alegro de que el tema le interese :-)

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  3. Encantada de volver a leerte, me gusta mucho la entrevista y la acepción "maduras juventudes nacidas a partir del 70", ¿por qué será?... Si te han leído, probablemente los "trend setters" ya estarán "on fire" con Amable, siempre has creado tendencia! Te envío un gran beso Plácida, me alegro de que sigas aquí! Mar*

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  4. Me alegra que tengas nueva casa... como siempre descubriéndome cosas fascinantes!

    Un abrazo!

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  5. Hola!

    Me gustaría contactar contigo porque desde Diagonal nos gustaría incluirte en la lista de blogs que sindicaremos en nuestro nuevo sitio web.

    Me podrías escribir (que no encuentro un mail de contacto aquí) a diagonalweb [en] gmail.com ?

    Desde ya gracias y un abrazo,
    Carol.

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