22/10/12

LMM (V): La vigencia de la mística de la feminidad

Dice Mertxe Tranche (citando a alguien que no recuerdo) que estamos habitados por amigos y por libros. Y a eso hemos vuelto, a habitarnos, con el arranque del curso "Ventaneras, una relectura de la literatura en castellano escrita por mujeres". Es una gozada tener una profesora que te enseña aquello que más te interesa, cuando encima eso que quieres aprender apenas está escrito o inventado, no existe como conocimiento reglado.

El curso es experimental porque es la primera vez que Mertxe lo hace. Yo lo veo como volver a estudiar la literatura española del bachillerato, añadirle al jodido libro de 2º de BUP el anexo de las escritoras que vergonzosamente faltó. El año pasado nos dedicamos a leer a las inglesas, sobre todo Jane Austen, las tres hermanas Brönte y George Eliot. Este año el planazo es leer a monjas antiguas.

Si a alguien le interesa el tema, es muy recomendable La literatura española y la crítica feminista, de Isabel Navas Ocaña, porque es fácil de leer, baja las teorías de la academia a las comunes mortales, y está lleno de referencias bibliográficas. Y entre esas referencias, es imprescindible el ensayo de Carmen Martín Gaite Desde la ventana, que incluye el cuento De su ventana a la mía, inspirador del título del curso.

Agárrate fuerte a Marilyn French!

Pero antes de meterme de lleno en este BUP libremente elegido, quiero hacer una contribución a la serie LMM (Literatura Mujeres Mundo) añadiendo otros libros y otra amiga. A la amiga no sé cómo llamarla, supongo que prefiere el anonimato. Ella escribe críticas preciosas en su blog, y siempre me ha enseñado buenos libros. Solo para mujeres, de Marilyn French, llegó pues con doble recomendación: la suya y la de Mertxe; por tanto imposible perdérselo.

La lectura ha sido increíblemente placentera, y además ha abierto hilos de reflexión que me han llevado a otro libro, La mística de la feminidad, de Betty Friedan. Tengo la sensación de que desde hace unos años hay un revival de los 50 en series, películas, moda y estética en general. Pero no estoy segura de si es un revival mayor que el de otras décadas del siglo XX, puesto que parece que ahora todo y nada está de moda, que las tendencias han muerto.

De todos modos, estoy pensando en el éxito de Mad Men, en pelis como Revolutionary Road o series menos conocidas como la recomendable Mildred Pierce. En el burlesque y los bañadores de Prada de este verano. Pero, ¿qué pueden tener en común la década de los 50 en Estados Unidos y el momento actual en Europa? Ser una época de cambio, quizá, pero ¿cuál no lo es? Movimientos pacifistas, feministas y de izquierda a punto de estallar. Una reacción conservadora brutal. Un intento de mantener a raya a las mujeres, en casita ocupadas con sus labores. Puede ser.

Solo para mujeres parte del profundo malestar de las mujeres estadounidenses de los años 50, que parían un bebé detrás de otro en las zonas residenciales de todo el país. Y ése es también el punto de partida de la investigación de Betty Friedan en La mística de la feminidad. Si quieren saber más sobre Marilyn French, lean a mi amiga, que ha hecho una crítica fantástica. Yo sigo con la mística, que me está dando bastante juego.

Mística de la feminidad y periodismo: ¿a quién le interesan las revistas femeninas?

Confieso que aún no lo he terminado; me he quedado atascada en el capítulo sobre Freud. La edición de Cátedra del 2009 cuya imagen reproduzco aquí contiene una introducción de Amelia Valcárcel, y textos introductorios de la propia Friedan fechados en 1973 y 1997 (la primera edición estadounidense es de 1963).

Para quienes no conozcan la obra, decir que se enmarca en la corriente del feminismo liberal, y que fue muy importante en su día porque supuso (o coincidió con) un despertar del movimiento feminista en Estados Unidos. La mística de la feminidad identificó el "problema que no tiene nombre", ese malestar que tan bien describe Marilyn French. No parecía fácil explicar por qué aquellas mujeres que, teniendo "todas las oportunidades del mundo", sin trabas legales que les impidieran estudiar, votar o emprender una carrera profesional, y que habían elegido ser amas de casa para "no trabajar" y vivir entre algodones, estaban fatal de los nervios.


Betty Friedan fue de las primeras en hacerlo, y con ello, destapó el impresionante montaje mediático, económico, cultural y político detrás de la masiva vuelta a los hogares de las mujeres estadounidenses en los años 50. Los hombres habían vuelto de la guerra, necesitaban los puestos de trabajo que habían estado ocupando las mujeres durante su ausencia, y la industria, que en los años anteriores se había dedicado a la fabricación de armamento, tuvo que inventar algo nuevo y empezó a fabricar electrodomésticos de línea blanca.

Y ¿cómo lograron ejecutar semejante maniobra táctica de vuelta al hogar y cambio de modelo productivo? Pues parece que los medios de comunicación, y las revistas femeninas en particular, ayudaron bastante. Friedan cuenta cómo, siendo ella misma madre de tres hijos en una zona residencial cercana a Nueva York, logra su "habitación propia" para escribir en la Biblioteca Pública de la ciudad y se pone a examinar las principales revistas dirigidas a mujeres desde la década de los 30 a la de los 50. El análisis es concluyente: las intrépidas mujeres aviadoras y aventureras de los 30 y 40 van desapareciendo poco a poco y dan paso a la perfecta ama de casa, excelente cocinera, interiorista y educadora, que pasa la aspiradora perfectamente vestida y maquillada.
Los expertos les explicaban cómo cazar y conservar a un hombre, cómo amamantar a sus criaturas y enseñarles a asearse, como hacer frente a la rivalidad entre hermanos y a la rebeldía de los adolescentes; cómo comprar una lavadora, hornear el pan, cocinar caracoles para gourmets y construir una piscina con sus propias manos; cómo vestirse, qué imagen dar y cómo actuar para resultar más femeninas y hacer que el matrimonio fuera más estimulante; cómo evitar que sus esposos murieran jóvenes y que sus hijos se convirtieran en delincuentes. (Mística de la feminidad, pág 51)
Este será, durante muchos años, el mensaje único y machacón que se ofrecerá a las mujeres blancas de clase media desde los medios de comunicación. No hay diversidad de opciones: las antiguas feministas que pelearon por los derechos de las mujeres eran unas amargadas, además de feas y poco femeninas. El lugar de una mujer es su casa. Friedan investiga el proceso de transformación de las revistas femeninas reparando a los contenidos y a la autoría. En los años 30 y 40 había más editoras y escritoras, pero a partir de finales de los 40, el trasvase de empleos se da también en el ámbito editorial, y los hombres toman el mando de las revistas dirigidas a mujeres.

Al regresar los hombres jóvenes de la guerra, un gran número de escritoras tuvieron que abandonar su actividad. Las mujeres jóvenes empezaron a tener un montón de criaturas y dejaron de escribir. Los nuevos escritores eran todos varones que habían regresado de la guerra, que habían estado soñando con su casa y con una acogedora vida hogareña. (MF, pág 92)
Tiene bastante sentido pensar que lo que Friedan llamó "la mística de la feminidad", esa imagen tan idílica como artificial del ama de casa estadounidense de los 50, no era más que una fantasía masculina de posguerra. Y a la creación de esa fantasía destinaron enormes esfuerzos, hasta el punto de que, según la autora, paso a ser el tema central de la cultura estadounidense de la época.

Gracias, por cierto, facultades de periodismo por enseñar esto. Las periodistas que sobrevivieron al desembarco masculino y decidieron seguir adelante con su vida profesional, se sintieron en cierta forma culpables por no encajar con el modelo de mujer que sus revistas pretendían vender.
"Muchas de nosotras fuimos psicoanalizadas", recordaba [es el testimonio de una editora]. "Y empezamos a sentirnos molestas por ser nosotras mismas mujeres de carrera. Teníamos ese terrible temor de estas perdiendo nuestra feminidad. Nos dedicamos a buscar vías para ayudar a las mujeres a que aceptaran su rol femenino." (MF, pág 94)  
La mother fucker mística, ahora

Vale que el concepto "mística de la feminidad" está superadísimo y que la teoría feminista ha inventado otras categorías para el análisis de la opresión de las mujeres; vale que estaba hablando sólo de un segmento de las mujeres estadounidenses (las blancas de clase media), pero en cualquier caso hablaba de lo que ella conocía, y que además afectaba a muchos miles de mujeres. Creo que podemos reutilizar este concepto feminista tan vintage para describir la realidad de ahora mismo. A pesar de que Betty Friedan creyera que la "mística" había sido superada (no como concepto, sino como realidad) gracias a la lucha de las feministas, yo creo que está más fuerte que nunca.

La mística de la feminidad actual es brutal y feroz. Las revistas que analizó Friedan siguen existiendo, hasta la que tenía el nombre más carca, Ladies' Home Journal. Pero además de esas revistas, hay muchos otros medios que refuerzan el mensaje. Los tacones han ganado en centímetros. Se hacen vaginoplastias. Quieren que compremos bolsos de asa corta que te inutilizan una mano. Ha crecido exponencialmente.


4 comentarios:

  1. Ey, Placida, qué bien que sigas aquí y qué críticas tan buenas!! Estupenda tú, como siempre.


    Mertxe

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  3. Hola, Perdona que te escriba por aquí pero como no encontraba tu correo, pues me he venido a tu nuevo blog. Leí en tu antiguo Blog lo del primer libro de tu abuelo "Memorias de un maketo", yo lo encontré en un mercadillo, y me ha parecido algo fuera de lo común...increíble... y ahora me he quedado con las ganas de leer el otro que nombras de "así suceden las cosas" de su mujer quer dices que es aun mejor! Pues bien el enlace para descargarlo no funciona, supongo que ha pasado mucho tiempo. Por favor ¿podrías decirme que puedo hacer para conseguirlo o mandármelo a este correo? gotxua@gmail.com
    Si no pudieras por cualquier razón, por favor indícame el nombre de la autora y la editorial, a ver si lo encuentro...aunque creo que va a ser imposible....

    Muchísimas gracias por adelantado.
    Iñaki Echevarria (Madrid)

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