En estos tiempos tan chungos de destrucción de todo tipo de bienestar, hay un lugar donde aún puedo volver para recuperar la fe en la humanidad. Es un hotel de 497 habitaciones, y está en el oeste de Menorca, cerca de Ciutadella, asomado al mar. Desde su ubicación de poniente se advierten las dos crestas del norte de Mallorca. Hacia el sur, se ve toda la costa oeste de la isla, hasta el Cap D'Artrutx. Hacia dentro, la encantadora Cala'n Forcat, a la que se accede desde la piscina del hotel, y que tiene distintos recovecos de arena y de roca.
Entrada a Cala'n Forcat desde la piscina |
Llegué aquí por casualidad hace 13 años, al final del verano de 1999. Sola, y con una pena muy grande que recién empezaba a digerir. Creo que fue la semana más intensa de mi vida, llena de encuentros inesperados, aventura, soledad y compañía. El tiempo tenía la cualidad de estirarse hasta el infinito.
Además de a Carlos, conocí a Juan, a Pilar, a muchos camareros y personal del hotel, gente encantadora y muy profesional. En las sucesivas visitas (2007, 2010 y 2012), todos seguían allí, igual de cariñosos. El hotel ha cambiado poco a lo largo de los años: ha pasado de una empresa hotelera a otra, pero el director lleva 30 años, y aunque ya no haya papel con membrete para escribir en las habitaciones, y no te dejen una cesta de fruta con una botella de cava como bienvenida, sigue manteniendo su brillo.
Los mejores camareros del mundo
|
Vista de poniente, con las crestas de Mallorca
|
Habitaciones sencillas, pero con todo lo necesario
|
Carlos lleva 16 años en el hotel, y lo conoce muy bien. Amable como él solo, concede una entrevista a este medio de comunicación de masas.
![]() |
Carlos Cordero en la piscina del Farragut |
R. Lo más importante es que le guste la gente: si te gusta la gente de verdad, de corazón, ya tienes el 90% hecho. Después hay otras habilidades que siempre son bienvenidas: sobre todo los idiomas, si trabajas en un hotel internacional, gusto por los deportes, cantar, bailar, saber hacer manualidades... Pero todas esas cosas no te servirán de nada si eres un borde o un seco.
P. Lxs animadorxs de este año parecen muy majxs y muy motivadxs. Tu trabajo también consiste en motivarles, o tienen que venir motivados de casa?
R. Sí, mi trabajo es motivarles, pero también reñirles cuando se equivocan. Depende mucho de cómo sean, y el equipo de este año está muy unido, así que tengo que animarles poco.
P. ¿Cómo se contrata a la gente?
R. Antes el hotel seleccionaba al personal, pero ahora es un poco más complicado: 7 animadorxs están contratadxs por el hotel, 4 vienen de un tour-operador de Italia y al hotel no le cuestan nada, y otrxs 3 son becarixs holandeses.
P. Es un trabajo serio, ¿verdad?
(Inciso) Todo el team de animación, salvo alguna excepción, viven en las plantas de sótano del hotel. Conocí su guarida en mi primera visita.
P. ¿Siempre hay rollitos entre lxs animadorxs?
R. Sí -dice, sin demasiado entusiasmo-, a veces vienen hechos, a veces se hacen, a veces se deshacen... El primer año, trabajaba con dos chicas de Alicante muy simpáticas, y una de ellas estaba enamorada de un camarero. Recuerdo un momento en que su camarero estaba recogiendo tazas y vasos de la piscina, y le dije "ponte ahí, que te saco una foto con él", y ella "ay no, qué vergüenza!". Bueno pues están juntos desde entonces y tienen dos hijos. También ha habido separaciones, rollos de todo tipo... Yo no he tenido nunca ningún rollo.
R. Puedes creértelo, jamás. No me gusta que haya rollos en el trabajo, porque la gente no es madura, y no se da cuenta de que si la cosa no va bien van a tener que seguir viéndose a diario. Pero tampoco puedes evitarlo.
P. Muchos clientes vuelven, ¿verdad?
R. No sé qué tiene este hotel, pero mucha gente vuelve. Hay historias increíbles en ese sentido. He visto crecer a tantos niños... El año pasado, estaba haciendo cola en el "todo incluido", y tenía delante a un muchacho enorme, tipo armario ropero. Cuando se dio la vuelta se me quedó mirando y noté que había visto antes esa mirada. "Tú eres Carlos", me dice, y yo "sí, pero no sé quién coño eres". Total, que era un niño que había venido en el 97, en el 98... hasta el 2000, y no había vuelto desde entonces. Hay muchas historias así.
P. Entonces, ¿qué tiene de especial el Farragut?
R. El hotel es antiguo, y al ser tan grande cuesta mucho hacer cambios, pero se mantiene, se cuida. El sitio donde está es espectacular. Pero yo creo que lo mejor es la gente que trabaja aquí. Hay un señor de León, de mi tierra, que viene todos los años, a veces incluso dos veces, y según entra por la puerta ya se está quejando: que si la cama, que si la comida... Hace un par de años, le pregunté, en confianza, que si tanto le disgustaban esas cosas, que por qué venía, y me contestó: "yo vengo porque tenéis algo que no tiene nadie: la gente que trabaja aquí. Aquí me puedo quejar, estoy como en mi casa". Los que llevamos aquí mucho tiempo somos como familia, nos gusta cuidar el sitio y a los clientes.
P. ¿Cómo ha cambiado el hotel a lo largo de los años?
Buffet infantil, foto promocional |
P. El "todo incluido" no gusta nada al personal del hotel, por lo que he podido comprobar, pero parece que no queda más remedio, ¿no?
R. Es una imposición de los tour-operadores. Venden muchas más habitaciones con el TI. El año anterior a que pusimos el TI, fue muy muy flojo, teníamos habitaciones libres en agosto, y eso no puede ser.
P. Si pagas el TI, ¿no te sientes como obligada a beber todo el rato?
R. No te creas, porque sólo con el agua mineral de los niños ya lo amortizas. Ahora bien, los ingleses beben muchísimo, y cuando sube la ocupación de ingleses, hay unas colas tremendas en todas las barras. Italianos y españoles beben menos.
Restaurante de la terraza, foto promocional |
R. Hay muchas. Los ingleses se quedan en el hotel, y son muy participativos, les encantan las actividades. No vienen a conocer la isla, ni la cultura menorquina. Vienen al sol, al agua y a la bebida. Los españoles, si vienen en familia, se quedan más en el hotel, pero a la gente joven, incluso a las familias que vienen por primera vez, no les ves el pelo: alquilan un coche y se van a conocer la isla. Los italianos igual.
Recordamos a nuestro amigo Steve (el nombre es ficticio, para preservar su intimidad), un gentleman inglés que veraneó más de 20 años seguidos en el Farragut, y murió en el hotel, en el verano de 2005. Iba dos veces al año, en junio y en septiembre, junto a su mujer y a veces con su hija y nietos. Mencionamos su increíble rostro y cabeza inglesas ("you're the perfect british man", le solía decir yo), su humor, y el hecho de que, habiendo trabajado toda su vida para la marina inglesa y viajado por todo el mundo, eligiera recalar en este lugar para sus momentos más felices. "Qué recuerdos", suspira Carlos.
P. ¿Por qué te quedaste aquí?
R. Por varias razones, y una es que me enamoré del trabajo. Yo vengo de una ciudad muy provinciana, y desde pequeño estuve metido en las comparsas de carnaval, haciendo trajes y maquillajes, en cursos de teatro, de improvisación, de bailes del mundo, de televisión... Pero allí no había nada, y aquí vine a trabajar de camarero. Descubrí el trabajo de animador y me volvió loco, me encantaba. En invierno, estaba deseando que llegara el verano para trabajar. Con los años te acostumbras y se hace más rutina, pero lo que mejor sé hacer es esto, llevo 16 años.
P. ¿Que hacéis en invierno?
R. En los últimos años hemos cerrado sólo dos meses, en enero y febrero. En otoño y primavera abrimos para los viejillos del Imserso. Y los dos meses libres me dedico a descansar, que acabo hecho polvo. Antes, cuando cerrábamos seis meses, aprovechaba para estudiar idiomas y formarme. Ya veremos qué pasa ahora, porque se rumorea que van a recortar el Imserso...
P. ¿Qué me dices de la isla?
Macarella. Foto: Pablo Jimenez |
P. Y para terminar, ¿cómo ves tu futuro?
R. Pues lo veo tan negro que adelgaza y combina con todo. No sé por cuánto tiempo será viable mi posición aquí, pero tampoco quiero pre-ocuparme, porque no quiero vivir atemorizado. Ahora mismo no me quejó ni me lamento de nada. Creo que todos estamos igual, viviendo el día a día y sin plantearnos grandes cosas para el futuro.