

«Nacho Vegas aburre a un rebaño de ovejas», confesaba una asistente, y no seré yo quien le lleve la contraria. La suya no era una propuesta para un sábado noche. En formato de trío se disfraza de «cantautor protesta», y la protesta, interpretada con desgana, parece más pose que denuncia.
Cristina Rosenvinge siempre ha sabido acompañarse de grandes músicos, que han tratado de ocultar sus más que evidentes carencias vocales.Claro, si una mujer que se dedica a la música, algún mérito tiene, siempre se debe a "los músicos", y si no, al productor o al compositor, siempre que no sean ella misma.
Dejando a un lado actitudes rockeras y decibelios distorsionados, haciendo de la carencia virtud, parece que Cristina ha encontrado el formato perfecto para ella. Sus pequeñas historias susurradas, ganan enteros en las distancias cortas.
Era como si nos hubiera invitado a su casa, y se mostraba tal cual es (...)
Se atrevió incluso con el Hallelujah de Cohen y no salió mal parada. La Rosenvinge, como la colonia, mejor cuanto más cerca.
Christina brilla tranquilaSon raras las ocasiones en que un concierto resulta simplemente perfecto: emocionante, creíble, bien ejecutado... y esta vez lo fue. El alimento para el alma necesario antes de un fin de semana de lluvia y temporal que pasar en casa calentita.
Una de las grandes del pop español, Christina Rosenvinge, pareció sentirse agusto entre su público donostiarra, y entre canción y canción, hizo confidencias que sus fans agradecieron, como cuando habló de una compañera de piso que desapareció para hacer la calle Ballesta (“Tú por mí"), del psiquiatra argentino que le recetó “un hombre formal”, o de que ese día había comenzado la jornada a las siete de la mañana preparando dos desayunos distintos a los bichos de sus hijos.
Juntando las canciones de “Tu labio superior” (2008), su último disco “La joven Dolores” (2011), y las de Christina y los Subterráneos, algunas de las cuales ha vuelto a grabar, el repertorio de la madrileña es simplemente indestructible por lo sólido, y delicioso por la calidad de las músicas y las letras. El set es tan compacto, las canciones nuevas y viejas son tan buenas, que ni le hacen falta las versiones ("Hallelujah" de Leonard Cohen y "El sud" de Refree). Fantásticos y en un segundo plano, Aurora Aroca (chelo) y Refree (guitarras, teclado) arroparon a Christina para que brillara tranquila, con toda su belleza y talento. Un diez.
Maru y Amable en un fotomatón, 1978. Fuente: http://www.amablearias.com/
P.- Seguro que estabas guapísima...
R.- Yo era muy atrevida, iba como me daba la gana. Llamábamos la atención, la gente nos decía que al vernos se sentía como si estuviese en París o en Nueva York. Yo no me quería comprometer. Quedábamos de vez en cuando: primero un día por semana; luego dos, luego tres, luego cuatro...
P.- ¿Qué es lo que te enamoró de él?
R.- Que era muy diferente a los demás, que era una persona muy poco convencional.
P.- En qué sentido crees que le influyó a él el conocerte a ti?
R.- Creo que le influyó mucho. Él decía que a quien más tenía que agradecer era a la mujer, y luego corregía, a las mujeres. Yo le llevé mi manera de ser: alegre, juguetona.
P.- Viendo las obras da la sensación de que erais una pareja muy unida, con una intimidad relajada (en una acuarela, ella se quita pelos de los pezones con una pinza). ¿Crees que en algún sentido erais transgresores, que con vuestra forma de vida reivindicabais una sexualidad más libre?
R.- Claro, éramos revolucionarios, luchábamos por cambiar la sociedad. Y con la sexualidad también, claro. Viviamos juntos, yo nunca me quise casar. Tampoco quise tener hijos, aunque a él le hubiera gustado, pero considero que los hijos atan mucho a las mujeres.
P.- ¿Tenías celos de las otras modelos?
R.- Desde que me empezó a dibujar a mí, casi no dibujó a nadie más. Los celos hay que tragárselos, son un sentimiento muy negativo. No, no era celosa.
P.- El otro día me dijiste que Amable era feminista. ¿Cómo veía a las mujeres?
R.- Es que él lo decía, que era feminista. Pensaba que las mujeres son lo mejor de la humanidad. Sentía pasión por el físico, pero también por cómo pensaban. Creía que las mujeres, por encontrarse con más dificultades, eran más inteligentes. Me decía: "Lee a Simone de Beauvoir".
Maru me lleva a la biblioteca de Amable, una estantería llena de libros subrayados, anotados y dibujados por él. Saca "La vejez", de Simone de Beauvoir, y encuentra la página en la que él anotó: "muy bonito, señorita Beauvoir!"
P.- ¿Qué tienes pendiente con la obra de Amable? ¿Cómo te gustaría que fuera recordado?
R.- Me gustaría, sobre todo, que fuera conocido, porque aún no lo es lo suficiente. Y que se le recuerde como un pintor honesto que no se dejó vencer por las dificultades.